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Sin Cristo en el aula y en la oficina
Por Diego Arango
El imperio de las minorías se está apoderando de la sociedad. Toda aquella persona o grupo social minoritario está reclamando sus derechos en contra de los derechos de las mayorías. Esto es un fenómeno que golpea a la humanidad. En Italia una mujer atea pidió a las autoridades que retiraran el Cristo que acompañaba a los alumnos en el aula de clase, finalmente las autoridades italianas por un fallo de la corte europea decidieron complacer a esta mujer y una tradición de fe se terminó por cuenta de esta insensatez.
Considero que las minorías deben ser escuchadas y tenidas en cuenta en sus derechos fundamentales, pero tampoco al punto que cosas tan importantes como la manifestación de fe de un pueblo mayoritario se debe borrar a causa de darle gusto a un minoría. Al país que fueres haz lo que vieres. Este dicho reposa desde hace mucho, Italia es un país mayoritariamente católico: el 87.8% de la población es católica y un 12% más es cristiano de otras iglesias, todos profesan el cristianismo. De manera que abolir de las aulas de estudio y de las oficinas públicas un símbolo cristiano que no pretende vulnerar otras creencias y que no se coloca con afán proselitista, para dar gusto a una pequeña minoría no tiene sentido, es pretender acabar con la fe arraigada en un pueblo, es llegar al extremo de la complacencia sin respetar el sentimiento de las mayorías y todo a nombre de la conservación de una sociedad pluralista y democrática. También alega este tribunal que la presencia del crucifijo en las clases como símbolo de una determinada confesión constriñe el derecho de educar a niños de otras religiones de acuerdo a sus propias convicciones.
De manera que esta hipótesis del reino de las minorías nos llevará algún día a aceptar las tradiciones, gustos y quizás absurdos de algunas minorías en el seno de la sociedad, como podría ser que mañana alguien con los gustos aberrantes como el antiguo emperador romano Calígula de contraer matrimonio con su caballo, pueda ser aceptado en las leyes y la sociedad como valido, acabando con la fe y tradición milenaria de los pueblos.
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